7/3/12

¿Y si me mudo?

Las mudanzas casi siempre son una pesadilla, y que no se me entienda mal, me encanta mi casa, mi barrio, pero a veces, dan ganas de un poquito de cambio.

Tener que buscar el supermercado chino más cercano, y el que está abierto hasta más tarde; encontrar el carnicero de confianza, por más que se lo visite una vez cada trimestre; la verdulería que tiene plátanos y maracuyás para cuando me dan antojos; el bar donde hay wifi, los meseros son de los de antes y el café todavía se sirve en taza; la pizzería que zafa entre semana y el delivery bueno para cuando hay visitas; la bodega de vinos; el hipermercado; el señor de los quesos, los huevos y los pollos; la veterinaria; el video club (sí, todavía disfruto de alquilar películas casi casi, lo mismo que bajarlas de Cuevana); la panadería de las buenas medialunas; la placita para tomar sol; y así…

Casi todos odian las rutinas, en cambio a mí me encanta construirlas. Por eso la llegada a un nuevo sitio: para vivir, para trabajar, tiene eso de encantador, el descubrir poco a poco los que serán los de confianza, los habitué que dan esa sensación de conocedor y de pertenencia.

Vivir en San Telmo es descubrir un poco el barrio cada día, la promesa de público extranjero hace que cada semana haya un nuevo negocio, pero también un nuevo local en alquiler de quienes se fueron con las manos vacías, así que siempre hay un nuevo restaurante, una tienda que conocer, un café por explorar; aún así, mis ganas de buscar sitios de los que volverme habitual, está insatisfecha.

Pd. Hace mucho no escribía aquí, creo que es buen momento para volver, incluso cuando la era de los blogs casi llega a su fin.

31/3/11

El que con niños se acuesta...

De pronto, escuchaba a mujeres con algunos y muchos años más que yo, hablando de sus maridos y sus relaciones de lustros y décadas, y se quejaban por exactamente lo mismo que yo me hacía mala sangre en los últimos días, por mi chico de semanas: los hombres siguen siendo adolescentes, malcriados, desconsiderados, en pocas palabras, un niño más en la casa que le da rabietas a su mamá.

Si bien me consolaba por no estar tan loca y ser la única, también me preocupé de sobremanera (mal de muchos, consuelo de bobos), ¿acaso tengo que resignarme a que los hombres son niños eternos con lo que eso implica? ¿son todos así, o es una cuestión cultural?, porque yo recuerdo haber conocido hombres distintos: considerados, adultos, aunque nunca un argentino…

¿Siempre voy a tener que ser la adulta gruñona de la relación? ¿Pedir, demandar y volver a pedir por todos los medios esa consideración y trato que espero venga espontáneamente por parte de una pareja?

Al parecer, justo caí en un círculo de mujeres bastante particular que infantiliza a los hombres; al parecer, esos hombres adultos y considerados, incluso argentinos, no son una rareza; al parecer, puedo no resignarme y buscar un adulto, respetuoso, considerado, con quien, además de estar contenida y respaldada, pueda divertirme como una niña.

16/3/11

Modas cíclicas

No he vivido aquí lo suficiente para saberlo con certeza, pero tengo la impresión de que la militancia ahora está de moda, como estuvo en los 70’s, como los colores neón y los pantalones chupín de los 80’s, volvió a imponerse en la agenda, y por eso todo lo convierten en causa: quién inaugura la feria del libro, dónde se hacen los recitales, cómo se organizan las ferias y los corsos e incluso, andar en bicicleta. Como si no hubiera suficiente ya con los kirchneristas y la oposición.

4/2/11

Inlove again

Todas las relaciones tienen altibajos y mi idilio con Buenos Aires, no podía ser la excepción. Tras una corta separación, yo la traicioné por unos días con mi país natal, estaba resentida y me recibió con 43 grados de térmica, cambios en las rutas de los buses, ausencias de los habitué en las plazas, y noticias, muchas, feas noticias.

Yo también estaba retrechera, su presencia estaba relacionada con volver al trabajo, a la vida de las responsabilidades, las cuentas, los horarios, los tacos, las reuniones, etc. Y aunque me hizo ojitos el fin de semana con un domingo en la plaza, yo me hice la loca y me encerré enojada en mi casa.

Cuando la furia me bajó, me encontré en el Congreso con un clima más que agradable, con buenas noticias, en chatitas, y dispuesta a caminar hasta mi casa, revisitando la Avenida de Mayo.

Los niños en la plaza, la gente en la vereda, los hippies y artesanos vendiendo cosas, todo me fue ambientando en clima de reconciliación. Luego llegué a la 9 de julio, y una gran bandera aymara ondeaba, mientras el líder? decía: "Somos medio improvisados, si les gusta lo que ven, díganlo...". Con la estatua del Quijote de la Mancha de fondo, pensaba: no es demasiada contradicción estar bajo el ala del mayor símbolo de la hispanidad, culpando de la situación actual al robo de los españoles de hace 500 años? O será acaso una quijotada su cruzada por defender los derechos indígenas? Pero ahí estaban con su música, sus libros y sus carpas, eso, sólo en Buenos Aires.

Ya tenía una sonrisa difícil de sacar, hasta que me encontré con con la previa de los piqueteros para un viernes a la noche:

Un pequeño paseo por la Avenida de Mayo.

Pasaron cinco años y dejé de tenerle miedo a los sonidos de las protestas, dejaron de parecerme tambores de guerra, sin embargo, verlos me hace pensar, todo no se puede tener, nadie es perfecto, y éste es el defecto. No sé si los piqueteros tengan jodido al país, pero estoy segura que por lo menos tienen jodido el tráfico de la ciudad.

Pero a quién le importa el tráfico cuando existe esta esquina?

Dicen que lo bueno de pelearse, es la reconciliación. Las calles de San Telmo me condujeron a mi sitio favorito, que estuvo cerrado por algunas semanas. Cerramos con broche de oro, cena, material de lectura y una copa de vino. Para cuando caminaba las últimas cuadras a mi casa, estaba un poquito más enamorada y me regocijaba en saber que el destino me mandó a un buen lugar.

Mi rincón favorito de San Telmo, Café Riva

15/10/10

Sin documentos

Qué caminos tiene alguien que va a consultar por los requisitos para solicitar una visa de turismo y luego de tres preguntas (qué hace, cuánto gana y tiene propiedades) le dicen que se busque otro destino para sus vacaciones? Se une a organizaciones mamertas que procuran por un mundo de libre tránsito o sin fronteras? Se consigue un marido con alguna nacionalidad medianamente decente? Se resigna a ser paria del primer mundo y a encontrarle maravillas a los pocos países que puede visitar con libertad (en su mayoría bien tercermundistas)? Empieza a comprar la lotería?

12/7/10

Algunas cosas sueltas en el tintero

- ¿Por qué en el colegio nunca me explicaron que si uno pierde la química, ya perdió el año?
- Hay que resignarnos a ser binarios en las relaciones, a que no siempre se pueden tener fuegos artificiales. Pero también hay que valorar las menospreciadas relaciones b (estables, tranquilas, seguras) pues son sanadoras y especialmente pedagógicas, si uno quiere. Es tiempo de recuperación para volver a salir como "Ricaurte en San Mateo, en átomos volando" de una intensa y poderosa relación a. Las dos, como los hombres, son males necesarios.
- Y después del feminismo, del postfeminismo, de las mujeres empoderadas y todas esas pavadas, todavía "el apodo de señora te lo da un macho".

10/5/10

A colorear fuera de la raya

Desde hace algún tiempo mi discurso tiene repetidas veces el concepto de sanidad. La cabeza y las relaciones deberían ser sanas. Pero quién decide qué es sano? Y luego me puse a pensar, no sólo no hay un estándar al respecto, sino que si miro a mi alrededor, conozco a alguien sano? alguna relación que lo sea? La respuesta es no, nadie ni ninguna, sinembargo, si conozco gente como la que me gustaría ser al igual que relaciones en las que me gustaría estar.

Este concepto de que todo debe ser tan antiséptico, tan limpio, tan prolijo, no tiene nada que ver conmigo. Tiempo me ha llevado en darme cuenta. Lo acepté desde el punto de vista motriz, nunca logré colorear dentro de las líneas, cortar y coser derecho o pintarme las uñas sin pasar mucho tiempo corrigiendo los enchastres con el palito y el removedor. Declararme torpe no ha resultado ser un problema, por lo que no entiendo, por qué cuando de relaciones se trata, espero perfección, prolijidad, exactitud (la persona indicada, el momento correcto, las palabras adecuadas, el beso perfecto, el mail pertinente)?

Tengo una sospecha: porque se me metió en la cabeza (todavía no sé cómo) que es lo que esperan de mí también. He pasado mucho tiempo queriendo ser perfecta, redactando cinco veces los mails, tapando con maquillaje los granitos, probándome tres veces el ropero y creo que hasta he desarrollado abdominales de sólo meter la panza en todo momento en el que pueda estar siendo mirada. Me he matado la cabeza procurando esconder mis defectos, mis errores, mis debilidades, mostrando lo mejor de mí como si se tratara de una competencia, de una presentación ante un juez infalible cada vez. Ya sé que la mayoría de la gente busca mostrar su mejor yo cuando conoce a alguien, pero lo mío, créanme, va más allá de estrenar ropa en cada primera cita (no por pudiente, sino por acomplejada u osciosa que diría una amiga mía), se ha convertido en una obsesión de tiempo completo que estoy dispuesta a abandonar.

Sí, buenas noches, mi nombre es Ms Cellophane y soy adicta a las calificaciones. Sí, como ese capítulo de Los Simpsons en el que no hay escuela y Lisa le dice desesperada a Marge: "califícame, evalúame, uff, sólo dos sinónimos, estoy perdiendo mi perspicacia!" Así, igualito.