No he vivido aquí lo suficiente para saberlo con certeza, pero tengo la impresión de que la militancia ahora está de moda, como estuvo en los 70’s, como los colores neón y los pantalones chupín de los 80’s, volvió a imponerse en la agenda, y por eso todo lo convierten en causa: quién inaugura la feria del libro, dónde se hacen los recitales, cómo se organizan las ferias y los corsos e incluso, andar en bicicleta. Como si no hubiera suficiente ya con los kirchneristas y la oposición.
16/3/11
Modas cíclicas
4/2/11
Inlove again
Todas las relaciones tienen altibajos y mi idilio con Buenos Aires, no podía ser la excepción. Tras una corta separación, yo la traicioné por unos días con mi país natal, estaba resentida y me recibió con 43 grados de térmica, cambios en las rutas de los buses, ausencias de los habitué en las plazas, y noticias, muchas, feas noticias.
Yo también estaba retrechera, su presencia estaba relacionada con volver al trabajo, a la vida de las responsabilidades, las cuentas, los horarios, los tacos, las reuniones, etc. Y aunque me hizo ojitos el fin de semana con un domingo en la plaza, yo me hice la loca y me encerré enojada en mi casa.
Cuando la furia me bajó, me encontré en el Congreso con un clima más que agradable, con buenas noticias, en chatitas, y dispuesta a caminar hasta mi casa, revisitando la Avenida de Mayo.
Los niños en la plaza, la gente en la vereda, los hippies y artesanos vendiendo cosas, todo me fue ambientando en clima de reconciliación. Luego llegué a la 9 de julio, y una gran bandera aymara ondeaba, mientras el líder? decía: "Somos medio improvisados, si les gusta lo que ven, díganlo...". Con la estatua del Quijote de la Mancha de fondo, pensaba: no es demasiada contradicción estar bajo el ala del mayor símbolo de la hispanidad, culpando de la situación actual al robo de los españoles de hace 500 años? O será acaso una quijotada su cruzada por defender los derechos indígenas? Pero ahí estaban con su música, sus libros y sus carpas, eso, sólo en Buenos Aires.
Ya tenía una sonrisa difícil de sacar, hasta que me encontré con con la previa de los piqueteros para un viernes a la noche:
Un pequeño paseo por la Avenida de Mayo.
Pasaron cinco años y dejé de tenerle miedo a los sonidos de las protestas, dejaron de parecerme tambores de guerra, sin embargo, verlos me hace pensar, todo no se puede tener, nadie es perfecto, y éste es el defecto. No sé si los piqueteros tengan jodido al país, pero estoy segura que por lo menos tienen jodido el tráfico de la ciudad.
Pero a quién le importa el tráfico cuando existe esta esquina?
Dicen que lo bueno de pelearse, es la reconciliación. Las calles de San Telmo me condujeron a mi sitio favorito, que estuvo cerrado por algunas semanas. Cerramos con broche de oro, cena, material de lectura y una copa de vino. Para cuando caminaba las últimas cuadras a mi casa, estaba un poquito más enamorada y me regocijaba en saber que el destino me mandó a un buen lugar.
15/10/10
Sin documentos
Qué caminos tiene alguien que va a consultar por los requisitos para solicitar una visa de turismo y luego de tres preguntas (qué hace, cuánto gana y tiene propiedades) le dicen que se busque otro destino para sus vacaciones? Se une a organizaciones mamertas que procuran por un mundo de libre tránsito o sin fronteras? Se consigue un marido con alguna nacionalidad medianamente decente? Se resigna a ser paria del primer mundo y a encontrarle maravillas a los pocos países que puede visitar con libertad (en su mayoría bien tercermundistas)? Empieza a comprar la lotería?
12/7/10
Algunas cosas sueltas en el tintero
- ¿Por qué en el colegio nunca me explicaron que si uno pierde la química, ya perdió el año?
- Hay que resignarnos a ser binarios en las relaciones, a que no siempre se pueden tener fuegos artificiales. Pero también hay que valorar las menospreciadas relaciones b (estables, tranquilas, seguras) pues son sanadoras y especialmente pedagógicas, si uno quiere. Es tiempo de recuperación para volver a salir como "Ricaurte en San Mateo, en átomos volando" de una intensa y poderosa relación a. Las dos, como los hombres, son males necesarios.
- Y después del feminismo, del postfeminismo, de las mujeres empoderadas y todas esas pavadas, todavía "el apodo de señora te lo da un macho".
10/5/10
A colorear fuera de la raya
Desde hace algún tiempo mi discurso tiene repetidas veces el concepto de sanidad. La cabeza y las relaciones deberían ser sanas. Pero quién decide qué es sano? Y luego me puse a pensar, no sólo no hay un estándar al respecto, sino que si miro a mi alrededor, conozco a alguien sano? alguna relación que lo sea? La respuesta es no, nadie ni ninguna, sinembargo, si conozco gente como la que me gustaría ser al igual que relaciones en las que me gustaría estar.
Este concepto de que todo debe ser tan antiséptico, tan limpio, tan prolijo, no tiene nada que ver conmigo. Tiempo me ha llevado en darme cuenta. Lo acepté desde el punto de vista motriz, nunca logré colorear dentro de las líneas, cortar y coser derecho o pintarme las uñas sin pasar mucho tiempo corrigiendo los enchastres con el palito y el removedor. Declararme torpe no ha resultado ser un problema, por lo que no entiendo, por qué cuando de relaciones se trata, espero perfección, prolijidad, exactitud (la persona indicada, el momento correcto, las palabras adecuadas, el beso perfecto, el mail pertinente)?
Tengo una sospecha: porque se me metió en la cabeza (todavía no sé cómo) que es lo que esperan de mí también. He pasado mucho tiempo queriendo ser perfecta, redactando cinco veces los mails, tapando con maquillaje los granitos, probándome tres veces el ropero y creo que hasta he desarrollado abdominales de sólo meter la panza en todo momento en el que pueda estar siendo mirada. Me he matado la cabeza procurando esconder mis defectos, mis errores, mis debilidades, mostrando lo mejor de mí como si se tratara de una competencia, de una presentación ante un juez infalible cada vez. Ya sé que la mayoría de la gente busca mostrar su mejor yo cuando conoce a alguien, pero lo mío, créanme, va más allá de estrenar ropa en cada primera cita (no por pudiente, sino por acomplejada u osciosa que diría una amiga mía), se ha convertido en una obsesión de tiempo completo que estoy dispuesta a abandonar.
Sí, buenas noches, mi nombre es Ms Cellophane y soy adicta a las calificaciones. Sí, como ese capítulo de Los Simpsons en el que no hay escuela y Lisa le dice desesperada a Marge: "califícame, evalúame, uff, sólo dos sinónimos, estoy perdiendo mi perspicacia!" Así, igualito.
15/4/10
I'm only happy when it rains
Es verdad, mi estación favorita es el otoño. Casualmente (y quizás no tanto) desde que vivo en un país de estaciones cosas buenas me han pasado en otoño, he empezado trabajos, amores, amistades, al punto que asocio el viento y la caída de las hojas con una sensación de bienestar, casi de felicidad en mi vida.
Por estos días en Buenos Aires llueve, desde que me levanto el cielo está cubierto y es esa llovizna molesta y sin carácter que funciona a las órdenes de Murphy (para cuando estás dentro y empieza cuando tienes que salir).
Es cierto, no tengo ganas de dejar mi cama, tampoco el gato que siempre está pronto a pedir mimos desde bien temprano, pero no hoy, no con el día gris, entonces solamente se refugia en alguna curva que haga mi cuerpo por encima de las cobijas para ponerse calientico y prodigarme la misma gracia a mí.
Sin embargo, así y todo me obligo a salir a la calle, a mojarme un poco porque odio las sombrillas o los pilotos (bueno lo segundo no es cierto, sólo que no tengo uno), a que me salpique uno que otro bus, a pisar las baldosas flojas que tiran agua a lugares inesperados (especialmente cuando tienes falda), a trabajar porque tengo que.
Pero mientras camino por la calle no me enojo, o bueno sí, un poquito con las señoras que me mojan con sus sombrillas y además me quieren sacar de debajo de los techitos, pero nomás, por el contrario el paisaje gris se me hace familiar, me siento en casa (es un clima bogotano sin duda),me reconforta tener que usar botas y bufandas, me siento yo de nuevo… I’m not singing in the rain, pero casi.
Por estos días en Buenos Aires llueve, desde que me levanto el cielo está cubierto y es esa llovizna molesta y sin carácter que funciona a las órdenes de Murphy (para cuando estás dentro y empieza cuando tienes que salir).
Es cierto, no tengo ganas de dejar mi cama, tampoco el gato que siempre está pronto a pedir mimos desde bien temprano, pero no hoy, no con el día gris, entonces solamente se refugia en alguna curva que haga mi cuerpo por encima de las cobijas para ponerse calientico y prodigarme la misma gracia a mí.
Sin embargo, así y todo me obligo a salir a la calle, a mojarme un poco porque odio las sombrillas o los pilotos (bueno lo segundo no es cierto, sólo que no tengo uno), a que me salpique uno que otro bus, a pisar las baldosas flojas que tiran agua a lugares inesperados (especialmente cuando tienes falda), a trabajar porque tengo que.
Pero mientras camino por la calle no me enojo, o bueno sí, un poquito con las señoras que me mojan con sus sombrillas y además me quieren sacar de debajo de los techitos, pero nomás, por el contrario el paisaje gris se me hace familiar, me siento en casa (es un clima bogotano sin duda),me reconforta tener que usar botas y bufandas, me siento yo de nuevo… I’m not singing in the rain, pero casi.
1/3/10
Por qué los llaman sanduches?
Uno de mis mayores placeres es no sólo la comida sino también comer con la mano. Creo que de hecho esa es una de las razones por las que disfruto tanto los carritos de comida callejeros, los puestos de shawarma, la pizza por porción de barrio (en Bogotá) y el pollo asado a domicilio (también en Btá).
Por eso me pregunto, ¿por qué aquí en Buenos Aires los mejores sanduches son imposibles de comer con la mano? Te sirven esas delicias enormes entre dos panes (que también son muy ricos) con un toque muy gourmet, con alguna ensalada, o algún detallito de decoración medio chic, pero que cuando intentas tomar una parte con las manos, se desarma, haces un enchastre y terminas frustrado, porque con cubiertos igual la cosa no mejora demasiado.
Hay dos opciones, o los pides al plato (cuando la opción existe) o sea pides un plato del tamaño de una entrada, o te arriesgas a intentarlo con las manos a sabiendas de que serás la atracción del lugar por lo poco decente y ni qué decir femenino del proceso.
Por eso me pregunto, ¿por qué aquí en Buenos Aires los mejores sanduches son imposibles de comer con la mano? Te sirven esas delicias enormes entre dos panes (que también son muy ricos) con un toque muy gourmet, con alguna ensalada, o algún detallito de decoración medio chic, pero que cuando intentas tomar una parte con las manos, se desarma, haces un enchastre y terminas frustrado, porque con cubiertos igual la cosa no mejora demasiado.
Hay dos opciones, o los pides al plato (cuando la opción existe) o sea pides un plato del tamaño de una entrada, o te arriesgas a intentarlo con las manos a sabiendas de que serás la atracción del lugar por lo poco decente y ni qué decir femenino del proceso.
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