21/5/13
"Porque quiero, puedo y no me da miedo"
28/4/13
Con las rodillas raspadas
13/9/12
¿Nuevo destino?
Varios antecedentes, coincidencia o no, son mi tren de pensamiento:
- Lost in translation
- Haruki Murakami
- Tiendas de papeles y artistas del papel concentrados en Tokio
- El reconocimiento de algún entendido como la élite de Asia
- Algún coreógrafo del que no recuerdo el nombre, pero que su obra me encantó
Pero sobre todo, porque leyendo Estupor y temblores de Amélie Nothomb, tuve una tremenda sensación de familiaridad que me dio un poco de miedo, pero a la vez mucha curiosidad.
La descripción de la mujer nipona en el libro tiene un dejo, en el fondo, a mi cultura. Digo a la mía, personal, de esa que me he ido despojando con los años.
La curiosidad, me pasa porque me suena a reto. Parece muy difícil entender y camuflarse en la cultura japonesa, y por alguna razón, me gustaría intentarlo.
¿Cómo se emprende un camino a un sitio -desde todo punto de vista- tan lejano?
6/5/12
El cine y los viejos
Ya en Bogotá, desde muy joven, fui experta en ir a sitios llenos de ancianos, los cines de avenida Chile, justo después de la universidad, en las funciones de 1:30 eran el lugar más frecuente; luego los del centro, el Ópera, el Radio City en cualquier función antes de las 5 de la tarde (una de las glorias del desempleo) y ahí estaban los viejos: con sus cabezas grises y anteojos gruesos, con sus lentos andares y ese olor en el aire entre naftalina y pachuli, con sus carteras bien agarradas y sus gruesos sacos de lana.
También aquí me las arreglé para encontrarlos, temprano en el cine, en alguna función de algún museo en la tarde o en la Sala Lugones, o en los martes de jazz en el San Martín, estos últimos incluso eran divertidos, recuerdo una pareja en traje de luces, bailando al ritmo de una Big Band hasta casi desbaratarse.
No importaba que nueva actividad emprendía, qué charla iba a escuchar, o qué película decidía ver, ahí me los encontraba, era como si me persiguieran de hecho, y la idea de tener gustos en común, no era la más halagadora.
Sin embargo, dejé de explorar un poco esas nuevas actividades, o finalmente encontré algunas que demandan mayor juventud, y con la ayuda de la páginas como Fanático y Cuevana y de tener un Cinemark a cuadras de mi casa, me alejé momentáneamente de las multitudes sexagenarias. Pero hoy volví por una función al cine Lorca. Me recordó mis días de universitaria, la sala incluso tiene un balcón como en los cines de avenida Chile, y allí estaban mis acompañantes de tanto tiempo, los vejestorios (con todo respeto a mis señores padres), pero aunque eran los viejos, no son los mismos de antes, las viejas se ponen de cuchibarbies (en Colombia cucha no es la cama escondida en alguna parte, sino una persona vieja), con pantalones de cuero, camisas hindúes y carteras de gamuza de colores brillantes, con los pelos naranjas, rosáceos y muy crespos, con calzas estampadas (horror! tienen idea de cómo se ve eso a los sesenta y pico?), con taches en los accesorios, aretes enormes como de palenquera, y con Blackberrys que no logran leer, mucho menos poner en silencio.
Dos cosas: con una amiga siempre que veíamos la pareja de viejas escogíamos la más loca para ser ellas cuando la hora nos llegue. Margarita: ya no hay de donde escoger!
Por otra parte, sí se visten distinto, se resisten al paso de la edad, o el paso de la edad no significa pachuli y naftalina sino Kenzo y comprar en los mismos sitios que las adolescentes. No obstante, hay cosas que no cambian: sus conversaciones. Siguen siendo las mismas sobre dolencias, medicinas, el clima, la familia, los nietos, lo terribles que son los jóvenes de hoy -incluso cuando intentan imitarlos- la farándula criolla y el gobierno.
9/4/12
En busca de una enfermedad mental
Supongo que está bien la diversificación de los roles como reflejo de la realidad, no obstante, también he notado que para que las policías, agentes del FBI, asesinas, y demás sean buenas tienen que estar locas. Pero no como en el caso masculino que simplemente son rebeldes en contra de las reglas o tienen temperamento fuerte, características admirables en cada caso, sino clinicamente locas: bipolares, ciclotímicas, desadaptadas sociales o salidas de un manicomio, sino piensen en Nikita, Homeland, The Killing, Kill Bill y la lista sigue.
Al parecer, la única manera de que las mujeres nos concentremos en una sola tarea y seamos excepcionalmente buenas en ella es gracias a alguna condición mental. Qué idea peligrosa, porque la mayoría ya estamos bastante locas, y no necesariamente chéveres, ahora, ¿cuántas justificarán su locura alegando genialidad?
6/4/12
Fetiche musical
1/4/12
La carpeta del bar
Así mismo es ese bar, mi bar, es como que está saturado, y como me gusta mucho, insisto, pero el gancho no aguanta una hoja más. Lo lógico sería sacar de las de abajo, de las más viejas, ¿no? Pero resulta que les tengo tanto cariño: son de la mejor colección, de papel especial, de colores y entramado, de ese que envejece divinamente. Supongo que como todo no se puede tener, tengo que resignarme y aferrarme a los recuerdos y buscar abrir un nuevo folder.
15/3/12
Cuestión de género
A eso de las 5 de la tarde, empiezan a despertar cuatro gringos muy jóvenes de una siesta resaquera, sin nada ni nadie para ver en la plaza, sin nada para hacer, uno se levanta y consigue una piedra, no muy grande, pero suficiente para jugar a la pelota.
7/3/12
¿Y si me mudo?
Las mudanzas casi siempre son una pesadilla, y que no se me entienda mal, me encanta mi casa, mi barrio, pero a veces, dan ganas de un poquito de cambio.
Tener que buscar el supermercado chino más cercano, y el que está abierto hasta más tarde; encontrar el carnicero de confianza, por más que se lo visite una vez cada trimestre; la verdulería que tiene plátanos y maracuyás para cuando me dan antojos; el bar donde hay wifi, los meseros son de los de antes y el café todavía se sirve en taza; la pizzería que zafa entre semana y el delivery bueno para cuando hay visitas; la bodega de vinos; el hipermercado; el señor de los quesos, los huevos y los pollos; la veterinaria; el video club (sí, todavía disfruto de alquilar películas casi casi, lo mismo que bajarlas de Cuevana); la panadería de las buenas medialunas; la placita para tomar sol; y así…
Casi todos odian las rutinas, en cambio a mí me encanta construirlas. Por eso la llegada a un nuevo sitio: para vivir, para trabajar, tiene eso de encantador, el descubrir poco a poco los que serán los de confianza, los habitué que dan esa sensación de conocedor y de pertenencia.
Vivir en San Telmo es descubrir un poco el barrio cada día, la promesa de público extranjero hace que cada semana haya un nuevo negocio, pero también un nuevo local en alquiler de quienes se fueron con las manos vacías, así que siempre hay un nuevo restaurante, una tienda que conocer, un café por explorar; aún así, mis ganas de buscar sitios de los que volverme habitual, está insatisfecha.
Pd. Hace mucho no escribía aquí, creo que es buen momento para volver, incluso cuando la era de los blogs casi llega a su fin.
31/3/11
El que con niños se acuesta...
De pronto, escuchaba a mujeres con algunos y muchos años más que yo, hablando de sus maridos y sus relaciones de lustros y décadas, y se quejaban por exactamente lo mismo que yo me hacía mala sangre en los últimos días, por mi chico de semanas: los hombres siguen siendo adolescentes, malcriados, desconsiderados, en pocas palabras, un niño más en la casa que le da rabietas a su mamá.
Si bien me consolaba por no estar tan loca y ser la única, también me preocupé de sobremanera (mal de muchos, consuelo de bobos), ¿acaso tengo que resignarme a que los hombres son niños eternos con lo que eso implica? ¿son todos así, o es una cuestión cultural?, porque yo recuerdo haber conocido hombres distintos: considerados, adultos, aunque nunca un argentino…
¿Siempre voy a tener que ser la adulta gruñona de la relación? ¿Pedir, demandar y volver a pedir por todos los medios esa consideración y trato que espero venga espontáneamente por parte de una pareja?
Al parecer, justo caí en un círculo de mujeres bastante particular que infantiliza a los hombres; al parecer, esos hombres adultos y considerados, incluso argentinos, no son una rareza; al parecer, puedo no resignarme y buscar un adulto, respetuoso, considerado, con quien, además de estar contenida y respaldada, pueda divertirme como una niña.
16/3/11
Modas cíclicas
No he vivido aquí lo suficiente para saberlo con certeza, pero tengo la impresión de que la militancia ahora está de moda, como estuvo en los 70’s, como los colores neón y los pantalones chupín de los 80’s, volvió a imponerse en la agenda, y por eso todo lo convierten en causa: quién inaugura la feria del libro, dónde se hacen los recitales, cómo se organizan las ferias y los corsos e incluso, andar en bicicleta. Como si no hubiera suficiente ya con los kirchneristas y la oposición.
4/2/11
Inlove again
15/10/10
Sin documentos
12/7/10
Algunas cosas sueltas en el tintero
10/5/10
A colorear fuera de la raya
15/4/10
I'm only happy when it rains
Por estos días en Buenos Aires llueve, desde que me levanto el cielo está cubierto y es esa llovizna molesta y sin carácter que funciona a las órdenes de Murphy (para cuando estás dentro y empieza cuando tienes que salir).
Es cierto, no tengo ganas de dejar mi cama, tampoco el gato que siempre está pronto a pedir mimos desde bien temprano, pero no hoy, no con el día gris, entonces solamente se refugia en alguna curva que haga mi cuerpo por encima de las cobijas para ponerse calientico y prodigarme la misma gracia a mí.
Sin embargo, así y todo me obligo a salir a la calle, a mojarme un poco porque odio las sombrillas o los pilotos (bueno lo segundo no es cierto, sólo que no tengo uno), a que me salpique uno que otro bus, a pisar las baldosas flojas que tiran agua a lugares inesperados (especialmente cuando tienes falda), a trabajar porque tengo que.
Pero mientras camino por la calle no me enojo, o bueno sí, un poquito con las señoras que me mojan con sus sombrillas y además me quieren sacar de debajo de los techitos, pero nomás, por el contrario el paisaje gris se me hace familiar, me siento en casa (es un clima bogotano sin duda),me reconforta tener que usar botas y bufandas, me siento yo de nuevo… I’m not singing in the rain, pero casi.
1/3/10
Por qué los llaman sanduches?
Por eso me pregunto, ¿por qué aquí en Buenos Aires los mejores sanduches son imposibles de comer con la mano? Te sirven esas delicias enormes entre dos panes (que también son muy ricos) con un toque muy gourmet, con alguna ensalada, o algún detallito de decoración medio chic, pero que cuando intentas tomar una parte con las manos, se desarma, haces un enchastre y terminas frustrado, porque con cubiertos igual la cosa no mejora demasiado.
Hay dos opciones, o los pides al plato (cuando la opción existe) o sea pides un plato del tamaño de una entrada, o te arriesgas a intentarlo con las manos a sabiendas de que serás la atracción del lugar por lo poco decente y ni qué decir femenino del proceso.
24/2/10
Y, no todo se puede tener
11/1/10
Agua pasó por aquí y Carnaval que no te vi
Adicionalmente, busco alguna escapada cercana para completar la experiencia. Con mi mamá de visita, se me ocurrió que podríamos ir al Carnaval de Gualeguaychu. Después de todo, fiestas populares que incluyan música, baile y trajes de luces siempre nos llamaron la atención.
Luego de unas cuantas vueltas por las autopistas para salir de la ciudad y 220 kilómetros de ruta plana, recta, y muchas advertencias de posibles multas por un exceso de velocidad al que la misma carretera invita, llegamos a un pueblo fantasma que sólo cobraba vida en las cercanías a la costanera.
La patty y el sanduche de lomito más caros de mi vida por medio y finalmente aterrizamos en un pradito al pie del río, para pasar la tarde, viendo cómo atletas y no tanto luchaban con el río a nado o en kayak. De fondo, en las playitas cercanas se escuchaban los equipos de sonido con un señor al que muy malos amigos le dijeron que podía ser cantante de reggae y en competencia algún cd de Los fabulosos cadillacs, por suerte, en la más cercana de las dos.
Con el atardecer llegó la tormenta, que inundó rápidamente las calles y nuestras esperanzas de ver el Carnaval. Estábamos resignadas a perder las boletas (una importante suma porque la fiesta del país de popular no tiene nada) porque había avisos que anunciaban que no había devoluciones en caso de suspensión por lluvia, pues el espectáculo sería el domingo.
Una camarera que no paraba de hablar nos alentó para que reclamáramos la plata que mi mamá y yo, como buenas colombianas sumisas, dábamos por perdida. Entonces arribamos a la taquilla para obtener la parte del tour que no había podido programarle, un verdadero piquete argentino.
Bajo la lluvia y sin tambores la gente se agolpó a reclamar la devolución, rumores iban y venían, que había que ir a otro lado, que nos estaban mareando, que iban a devolver sólo la mitad, y el tono empezó a subir, que nos están viendo la cara, que hijos de puta devuelvan la guita, que aparte nos estamos mojando, que devuelvanlaaaa, devuelvanlaaa, hijos de puta hijos de puta devuelvanlaaa, eso sí, todo en tonito de cancha
En la fila me llamó la atención ver tantos chicos (hombrecitos, y proyectos de hombrecitos también), jóvenes en la fila. Pensé por un momento: qué entusiastas, qué bueno que el carnaval atraiga este público también. Luego, escuché los comentarios entre ellos: los iban a cargar porque en vez de ver minas buenas se les iban a robar la plata. Ahí me cayó la ficha, supongo que la “cultura” necesita de empujones de plumas y concheros para atraer las masas.
Luego de pelear con la logística del nylon y las sombrillas, de los empujones y los colados, finalmente, después de no mucho, por suerte, tuve mi devolución completa y ahí retomé el rumbo a capital.
Me doy por bien servida, después de todo, manejé 200 kilómetros para pasar la tarde junto al río, pues de los corsos sólo vi los tocados usados que vendían en la calle, y por lo menos no me devolví desplumada.
21/7/09
A probar o a elegir
Ms C: Ahora que lo pienso es una buena metáfora, la vida es como un tenedor libre
A: jeje, por favor
Ms C: y sí, uno paga un módico precio que es estar vivo, luego si quiere bebidas paga demás (eso tiene sentido, el hígado pasa factura y hay que tener más platica para el vino), y depende de uno si se llena con el primer plato que le hacen en el momento o va probando todo de a poquitos, con paciencia entre plato y plato, y le saca el jugo al concepto de: todo lo que pueda comer
A: Tú lo has dicho, toca degustar y mirar si se sigue adelante o se queda ahí
Ms C: La clave de eso es que uno sabe que siempre hay cosas que quedan por probar, por eso quedarse es tan arriesgado. Por ejemplo, me gustaron los macarrones con queso, deme un plato grande de eso, pero a la vez, el salmón me está haciendo ojitos, y el bife, y el wok de vegetales, y así…
A: Es que esas son las apuestas graves y altas que uno hace en algún momento de la vida
Ms C: Pero ¿hay que hacerlas? Digo, la adrenalina está buena pero, tienen que gustar demasiado los macarrones…
A: Justo eso es un gusto especial y que sientes que después de eso no hay nada que te haga sentir bien en la vida
Ms C: Claro, el truco es que no lo sabes! Por ahí te gustan más con parmesano que con queso holandés, esas sutilezas siempre cuentan. La verdad es que yo entre más pruebo, más me convenzo de que es difícil eso de quedarse con una sola cosa... la curiosidad comienza a volverse un vicio
A: Pues que un solo plato te llene es como creer que porque como hoy mañana, no me dará hambre, eso nunca sucederá por eso debemos comer cada día, porque no existe la fórmula mágica para que quedes llena de por vida
Ms C: Pero es un reto muy grande, hacer ver interesante macarrones con queso todos los días, y creo de hecho que el miedo al compromiso pasa por la pereza de tener que asumir ese reto
A: Es que justo eso es el reto, que cada día encuentres como saborearte los macarrones con queso y que cada día les descubras nuevos sabores, así sea lo mismo todos los días, para eso existen los condimentos para tener sabores diferentes cada vez que prepares algo
Ms C: Ojo que yo también creo que las rutinas pueden ser satisfactorias, yo tengo las mías y les sigo encontrando gusto, sin importar que lo haga todos los días.... supongo que no sólo pasa por el que cocina: es la persona la que le pone picante, o es el paladar del comensal el que encuentra algo diferente cada vez?
A: Ambas cosas, tanto uno debe tener esa capacidad para saborear, como para darle su toque a la comida
Ms C: Por eso es que es más fácil probar de todos los platos... nadie tiene que hacer un gran esfuerzo. ¿No sería esa la respuesta siguiendo la ley del menor esfuerzo?
A: Es la más fácil y así se puede quedar uno todo la vida, por la vía sencilla y sin tener que ser creativo
Ms C: Hay que ser creativo para no llenarse y poder disfrutar de todos los platos tampoco hay que quitarle el crédito al otro estilo de vida... conozco a uno que otro cazador y también tienen lo suyo.
…
El tema del cazador dio para más, pero eso será después.