24/2/10
Y, no todo se puede tener
Después del calor agobiante, de las intensas lluvias (del tipo inundación), finalmente sale el sol a una temperatura decente y la brisa sopla adecuadamente. Ese es el perfecto escenario para salir a caminar, ver los perros de otros (a falta del propio) correr por la calle, ir por comida basura, entrar a una librería y encontrarse de frente con ese libro que andabas buscando. Qué más se puede pedir? Ah sí, que esa sea mi vida, no sólo mi hora del almuerzo.
11/1/10
Agua pasó por aquí y Carnaval que no te vi
Cuando recibo visitas suelo armar agendas maratónicas para que mis invitados aprovechen al máximo su estadía en estas tierras. Según me dijeron, soy buena anfitriona, pero yo creo que soy un poco intensa y los agoto, los devuelvo con demasiadas horas de exposición al sol y los pies cansados de extensas caminatas en las que ven los que considero los hits porteños.
Adicionalmente, busco alguna escapada cercana para completar la experiencia. Con mi mamá de visita, se me ocurrió que podríamos ir al Carnaval de Gualeguaychu. Después de todo, fiestas populares que incluyan música, baile y trajes de luces siempre nos llamaron la atención.
Luego de unas cuantas vueltas por las autopistas para salir de la ciudad y 220 kilómetros de ruta plana, recta, y muchas advertencias de posibles multas por un exceso de velocidad al que la misma carretera invita, llegamos a un pueblo fantasma que sólo cobraba vida en las cercanías a la costanera.
La patty y el sanduche de lomito más caros de mi vida por medio y finalmente aterrizamos en un pradito al pie del río, para pasar la tarde, viendo cómo atletas y no tanto luchaban con el río a nado o en kayak. De fondo, en las playitas cercanas se escuchaban los equipos de sonido con un señor al que muy malos amigos le dijeron que podía ser cantante de reggae y en competencia algún cd de Los fabulosos cadillacs, por suerte, en la más cercana de las dos.
Con el atardecer llegó la tormenta, que inundó rápidamente las calles y nuestras esperanzas de ver el Carnaval. Estábamos resignadas a perder las boletas (una importante suma porque la fiesta del país de popular no tiene nada) porque había avisos que anunciaban que no había devoluciones en caso de suspensión por lluvia, pues el espectáculo sería el domingo.
Una camarera que no paraba de hablar nos alentó para que reclamáramos la plata que mi mamá y yo, como buenas colombianas sumisas, dábamos por perdida. Entonces arribamos a la taquilla para obtener la parte del tour que no había podido programarle, un verdadero piquete argentino.
Bajo la lluvia y sin tambores la gente se agolpó a reclamar la devolución, rumores iban y venían, que había que ir a otro lado, que nos estaban mareando, que iban a devolver sólo la mitad, y el tono empezó a subir, que nos están viendo la cara, que hijos de puta devuelvan la guita, que aparte nos estamos mojando, que devuelvanlaaaa, devuelvanlaaa, hijos de puta hijos de puta devuelvanlaaa, eso sí, todo en tonito de cancha
En la fila me llamó la atención ver tantos chicos (hombrecitos, y proyectos de hombrecitos también), jóvenes en la fila. Pensé por un momento: qué entusiastas, qué bueno que el carnaval atraiga este público también. Luego, escuché los comentarios entre ellos: los iban a cargar porque en vez de ver minas buenas se les iban a robar la plata. Ahí me cayó la ficha, supongo que la “cultura” necesita de empujones de plumas y concheros para atraer las masas.
Luego de pelear con la logística del nylon y las sombrillas, de los empujones y los colados, finalmente, después de no mucho, por suerte, tuve mi devolución completa y ahí retomé el rumbo a capital.
Me doy por bien servida, después de todo, manejé 200 kilómetros para pasar la tarde junto al río, pues de los corsos sólo vi los tocados usados que vendían en la calle, y por lo menos no me devolví desplumada.
Adicionalmente, busco alguna escapada cercana para completar la experiencia. Con mi mamá de visita, se me ocurrió que podríamos ir al Carnaval de Gualeguaychu. Después de todo, fiestas populares que incluyan música, baile y trajes de luces siempre nos llamaron la atención.
Luego de unas cuantas vueltas por las autopistas para salir de la ciudad y 220 kilómetros de ruta plana, recta, y muchas advertencias de posibles multas por un exceso de velocidad al que la misma carretera invita, llegamos a un pueblo fantasma que sólo cobraba vida en las cercanías a la costanera.
La patty y el sanduche de lomito más caros de mi vida por medio y finalmente aterrizamos en un pradito al pie del río, para pasar la tarde, viendo cómo atletas y no tanto luchaban con el río a nado o en kayak. De fondo, en las playitas cercanas se escuchaban los equipos de sonido con un señor al que muy malos amigos le dijeron que podía ser cantante de reggae y en competencia algún cd de Los fabulosos cadillacs, por suerte, en la más cercana de las dos.
Con el atardecer llegó la tormenta, que inundó rápidamente las calles y nuestras esperanzas de ver el Carnaval. Estábamos resignadas a perder las boletas (una importante suma porque la fiesta del país de popular no tiene nada) porque había avisos que anunciaban que no había devoluciones en caso de suspensión por lluvia, pues el espectáculo sería el domingo.
Una camarera que no paraba de hablar nos alentó para que reclamáramos la plata que mi mamá y yo, como buenas colombianas sumisas, dábamos por perdida. Entonces arribamos a la taquilla para obtener la parte del tour que no había podido programarle, un verdadero piquete argentino.
Bajo la lluvia y sin tambores la gente se agolpó a reclamar la devolución, rumores iban y venían, que había que ir a otro lado, que nos estaban mareando, que iban a devolver sólo la mitad, y el tono empezó a subir, que nos están viendo la cara, que hijos de puta devuelvan la guita, que aparte nos estamos mojando, que devuelvanlaaaa, devuelvanlaaa, hijos de puta hijos de puta devuelvanlaaa, eso sí, todo en tonito de cancha
En la fila me llamó la atención ver tantos chicos (hombrecitos, y proyectos de hombrecitos también), jóvenes en la fila. Pensé por un momento: qué entusiastas, qué bueno que el carnaval atraiga este público también. Luego, escuché los comentarios entre ellos: los iban a cargar porque en vez de ver minas buenas se les iban a robar la plata. Ahí me cayó la ficha, supongo que la “cultura” necesita de empujones de plumas y concheros para atraer las masas.
Luego de pelear con la logística del nylon y las sombrillas, de los empujones y los colados, finalmente, después de no mucho, por suerte, tuve mi devolución completa y ahí retomé el rumbo a capital.
Me doy por bien servida, después de todo, manejé 200 kilómetros para pasar la tarde junto al río, pues de los corsos sólo vi los tocados usados que vendían en la calle, y por lo menos no me devolví desplumada.
21/7/09
A probar o a elegir
Hace unos días tuve una de esas charlas con un amigo que vale la pena recordar, así que pensé que valía la pena también publicarla, aquí está:
Ms C: Ahora que lo pienso es una buena metáfora, la vida es como un tenedor libre
A: jeje, por favor
Ms C: y sí, uno paga un módico precio que es estar vivo, luego si quiere bebidas paga demás (eso tiene sentido, el hígado pasa factura y hay que tener más platica para el vino), y depende de uno si se llena con el primer plato que le hacen en el momento o va probando todo de a poquitos, con paciencia entre plato y plato, y le saca el jugo al concepto de: todo lo que pueda comer
A: Tú lo has dicho, toca degustar y mirar si se sigue adelante o se queda ahí
Ms C: La clave de eso es que uno sabe que siempre hay cosas que quedan por probar, por eso quedarse es tan arriesgado. Por ejemplo, me gustaron los macarrones con queso, deme un plato grande de eso, pero a la vez, el salmón me está haciendo ojitos, y el bife, y el wok de vegetales, y así…
A: Es que esas son las apuestas graves y altas que uno hace en algún momento de la vida
Ms C: Pero ¿hay que hacerlas? Digo, la adrenalina está buena pero, tienen que gustar demasiado los macarrones…
A: Justo eso es un gusto especial y que sientes que después de eso no hay nada que te haga sentir bien en la vida
Ms C: Claro, el truco es que no lo sabes! Por ahí te gustan más con parmesano que con queso holandés, esas sutilezas siempre cuentan. La verdad es que yo entre más pruebo, más me convenzo de que es difícil eso de quedarse con una sola cosa... la curiosidad comienza a volverse un vicio
A: Pues que un solo plato te llene es como creer que porque como hoy mañana, no me dará hambre, eso nunca sucederá por eso debemos comer cada día, porque no existe la fórmula mágica para que quedes llena de por vida
Ms C: Pero es un reto muy grande, hacer ver interesante macarrones con queso todos los días, y creo de hecho que el miedo al compromiso pasa por la pereza de tener que asumir ese reto
A: Es que justo eso es el reto, que cada día encuentres como saborearte los macarrones con queso y que cada día les descubras nuevos sabores, así sea lo mismo todos los días, para eso existen los condimentos para tener sabores diferentes cada vez que prepares algo
Ms C: Ojo que yo también creo que las rutinas pueden ser satisfactorias, yo tengo las mías y les sigo encontrando gusto, sin importar que lo haga todos los días.... supongo que no sólo pasa por el que cocina: es la persona la que le pone picante, o es el paladar del comensal el que encuentra algo diferente cada vez?
A: Ambas cosas, tanto uno debe tener esa capacidad para saborear, como para darle su toque a la comida
Ms C: Por eso es que es más fácil probar de todos los platos... nadie tiene que hacer un gran esfuerzo. ¿No sería esa la respuesta siguiendo la ley del menor esfuerzo?
A: Es la más fácil y así se puede quedar uno todo la vida, por la vía sencilla y sin tener que ser creativo
Ms C: Hay que ser creativo para no llenarse y poder disfrutar de todos los platos tampoco hay que quitarle el crédito al otro estilo de vida... conozco a uno que otro cazador y también tienen lo suyo.
…
El tema del cazador dio para más, pero eso será después.
Ms C: Ahora que lo pienso es una buena metáfora, la vida es como un tenedor libre
A: jeje, por favor
Ms C: y sí, uno paga un módico precio que es estar vivo, luego si quiere bebidas paga demás (eso tiene sentido, el hígado pasa factura y hay que tener más platica para el vino), y depende de uno si se llena con el primer plato que le hacen en el momento o va probando todo de a poquitos, con paciencia entre plato y plato, y le saca el jugo al concepto de: todo lo que pueda comer
A: Tú lo has dicho, toca degustar y mirar si se sigue adelante o se queda ahí
Ms C: La clave de eso es que uno sabe que siempre hay cosas que quedan por probar, por eso quedarse es tan arriesgado. Por ejemplo, me gustaron los macarrones con queso, deme un plato grande de eso, pero a la vez, el salmón me está haciendo ojitos, y el bife, y el wok de vegetales, y así…
A: Es que esas son las apuestas graves y altas que uno hace en algún momento de la vida
Ms C: Pero ¿hay que hacerlas? Digo, la adrenalina está buena pero, tienen que gustar demasiado los macarrones…
A: Justo eso es un gusto especial y que sientes que después de eso no hay nada que te haga sentir bien en la vida
Ms C: Claro, el truco es que no lo sabes! Por ahí te gustan más con parmesano que con queso holandés, esas sutilezas siempre cuentan. La verdad es que yo entre más pruebo, más me convenzo de que es difícil eso de quedarse con una sola cosa... la curiosidad comienza a volverse un vicio
A: Pues que un solo plato te llene es como creer que porque como hoy mañana, no me dará hambre, eso nunca sucederá por eso debemos comer cada día, porque no existe la fórmula mágica para que quedes llena de por vida
Ms C: Pero es un reto muy grande, hacer ver interesante macarrones con queso todos los días, y creo de hecho que el miedo al compromiso pasa por la pereza de tener que asumir ese reto
A: Es que justo eso es el reto, que cada día encuentres como saborearte los macarrones con queso y que cada día les descubras nuevos sabores, así sea lo mismo todos los días, para eso existen los condimentos para tener sabores diferentes cada vez que prepares algo
Ms C: Ojo que yo también creo que las rutinas pueden ser satisfactorias, yo tengo las mías y les sigo encontrando gusto, sin importar que lo haga todos los días.... supongo que no sólo pasa por el que cocina: es la persona la que le pone picante, o es el paladar del comensal el que encuentra algo diferente cada vez?
A: Ambas cosas, tanto uno debe tener esa capacidad para saborear, como para darle su toque a la comida
Ms C: Por eso es que es más fácil probar de todos los platos... nadie tiene que hacer un gran esfuerzo. ¿No sería esa la respuesta siguiendo la ley del menor esfuerzo?
A: Es la más fácil y así se puede quedar uno todo la vida, por la vía sencilla y sin tener que ser creativo
Ms C: Hay que ser creativo para no llenarse y poder disfrutar de todos los platos tampoco hay que quitarle el crédito al otro estilo de vida... conozco a uno que otro cazador y también tienen lo suyo.
…
El tema del cazador dio para más, pero eso será después.
13/7/09
Memoria caprichosa
Es extraño el mecanismo de la memoria. Uno va archivando cosas, algunas por un claro impacto emocional, otras porque cambiaron el rumbo de nuestras vidas, pero luego, el resto de la información va quedando con criterios no muy claros a mi entender. De pronto, ante ciertas circunstancias mi capacidad de asociación echa mano de las cosas más insólitas. Una escena de una película, una letra de una canción, una cita de algún libro. Casi nunca tienen mucho que ver, y muchas de esas no las guardé a propósito, incluso algunas son algo vergonzosas.
Por estos días, ante una situación particular sólo puedo pensar en una referencia, alguna escena de una telenovela en la que no estoy segura si fue Aura Cristina Geitner, o Juan Carlos Vargas (años ha) dicen que algunas personas son como un puñado de arena, entre más aprietes la mano, más rápido se van, por lo contrario si solamente la dejas abierta, los vas a conservar.
Por primera vez las cosas funcionan como quiero, no tengo más crédito que la paciencia y la falta de expectativas, y lo único que mi cabeza asocia, es una pinche escena de telenovela barata?
A veces me caigo mal, muy mal.
Por estos días, ante una situación particular sólo puedo pensar en una referencia, alguna escena de una telenovela en la que no estoy segura si fue Aura Cristina Geitner, o Juan Carlos Vargas (años ha) dicen que algunas personas son como un puñado de arena, entre más aprietes la mano, más rápido se van, por lo contrario si solamente la dejas abierta, los vas a conservar.
Por primera vez las cosas funcionan como quiero, no tengo más crédito que la paciencia y la falta de expectativas, y lo único que mi cabeza asocia, es una pinche escena de telenovela barata?
A veces me caigo mal, muy mal.
13/5/09
Cambiando de óptica
A falta de tiaras y juego de princesas en la infancia (entre otros), de grande cada vez que me dijeron que les gustaba o que me querían resulté preguntado ¿por qué?
Es así, la mayoría del tiempo tengo más fé en los demás que en mi misma.
Habiendo identificado el problema como una cosa grave, decidí tomar cartas en el asunto, y con un poquito de determinación un día me metí en un vestidito y zapatos de tacón, me maquillé más de lo normal, y cuando se me acercaron no me pregunté por qué, sino por qué no?.
Cuando por una vez estás firme en tus zapatos (aunque admito haber perdido práctica en los tacones, mis rodillas dan cuenta) dejas de mirarte el ombligo preguntando qué anda mal contigo y empiezas realmente a ver a los otros.
Digamos que me pasé de rosca, como en la prueba del oftalmólogo, me calcé un aumento mayor del necesario, pero esa nitidez que a uno le es ajena en la vida diaria, es una ilusión que vale la pena probar.
Resultado de la operación: empecé a ver las grietas en los otros y pasaron tres cosas:
1. Me di cuenta cómo me veía yo antes y entendí por qué nada funcionaba. (al menos uno de los aspectos)
2. Humanicé un poco a esos semidioses creados por mi cabeza insegura. Vi cómo se caían a pedazos los egos y la confianza de los más cancheros, de los más seguros, sólo con mirarlos un poquito más.
3. Me di cuenta que tenía que moderar, volver a un aumento inferior. Ya lo decía una amiga, todo es cuestión de balance.
Ni mucho que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre. Me bajé de los tacones y estoy probando con los planos, a ver si me cambia la perspectiva.
Es así, la mayoría del tiempo tengo más fé en los demás que en mi misma.
Habiendo identificado el problema como una cosa grave, decidí tomar cartas en el asunto, y con un poquito de determinación un día me metí en un vestidito y zapatos de tacón, me maquillé más de lo normal, y cuando se me acercaron no me pregunté por qué, sino por qué no?.
Cuando por una vez estás firme en tus zapatos (aunque admito haber perdido práctica en los tacones, mis rodillas dan cuenta) dejas de mirarte el ombligo preguntando qué anda mal contigo y empiezas realmente a ver a los otros.
Digamos que me pasé de rosca, como en la prueba del oftalmólogo, me calcé un aumento mayor del necesario, pero esa nitidez que a uno le es ajena en la vida diaria, es una ilusión que vale la pena probar.
Resultado de la operación: empecé a ver las grietas en los otros y pasaron tres cosas:
1. Me di cuenta cómo me veía yo antes y entendí por qué nada funcionaba. (al menos uno de los aspectos)
2. Humanicé un poco a esos semidioses creados por mi cabeza insegura. Vi cómo se caían a pedazos los egos y la confianza de los más cancheros, de los más seguros, sólo con mirarlos un poquito más.
3. Me di cuenta que tenía que moderar, volver a un aumento inferior. Ya lo decía una amiga, todo es cuestión de balance.
Ni mucho que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre. Me bajé de los tacones y estoy probando con los planos, a ver si me cambia la perspectiva.
7/5/09
Porqué prefiero a los hombres (incluso para trabajar)
A pesar de que cada día trabajo con más mujeres sin conflictos, siempre queda un rastro de mi misoginia que disfruta episodios como estos:
Conflicto laboral: Otros (con autoridad) aprobaron algo que Ella no vio. Ella quiere que todo pase por sus manos, y cuando no es así, implica negligencia y animosidad de mi parte.
Ella: no termina de saber qué hago, y a pesar de no ser exactamente mi jefe, me da instrucciones que van desde labores secretariales, hasta editoriales, pasando por las administrativas, de corrección, de diseño, y lo que se le ocurra. Ah, se me olvidaba: nunca escucha, pretende saberlo todo (no tengo que decir que no tiene idea de la mitad) y tiene un insoportable tono de voz. Se le abona, tiene buenas intenciones (pero de eso está lleno el mundo!).
Él: Es el que tiene el título de jefe. Poco constante, conciliador y práctico. No sabe mucho de lo que hago, pero respeta mi opinión y la consulta. Tiene buena onda (que conste, si bien es hombre, no me gusta, sólo me cae bien).
8:00am.
Él y yo: Yo muestro mis preocupaciones por la falta de claridad en los procedimientos y autorizaciones. Él dice que lo aclaremos, que dejemos de lado las diferencias de personalidad (intentando sacar las particularidades de Ella del conflicto). Trabajamos en un nuevo cronograma, solicitud de dejar la angustia a un lado, aparición de otro personaje simpático y chistes mediante, se pasa la tensión.
9:30am.
Ella aparece, con el fruto de la discordia en sus manos (el material aprobado). Cuando nota que no hay tensión y continuamos en el trabajo, lo pone sobre la mesa como si fuera su gran trofeo, con su garganta lista para dar chillidos en busca de atención, lágrimas y de ser posible, sangre.
Él le hace caso omiso. Cuando Ella lo increpa discuten, pero Él decide seguir adelante, diciéndole que luego le informará, acallando todas sus animosidades y dejándola vestida y alborotada.Ella intenta poner su informe en mi cara a ver si yo le sigo la pelea, pero por supuesto yo sólo miro de reojo, como en las comiquitas chinas, y mentalmente me lamo los bigotes.
Conflicto laboral: Otros (con autoridad) aprobaron algo que Ella no vio. Ella quiere que todo pase por sus manos, y cuando no es así, implica negligencia y animosidad de mi parte.
Ella: no termina de saber qué hago, y a pesar de no ser exactamente mi jefe, me da instrucciones que van desde labores secretariales, hasta editoriales, pasando por las administrativas, de corrección, de diseño, y lo que se le ocurra. Ah, se me olvidaba: nunca escucha, pretende saberlo todo (no tengo que decir que no tiene idea de la mitad) y tiene un insoportable tono de voz. Se le abona, tiene buenas intenciones (pero de eso está lleno el mundo!).
Él: Es el que tiene el título de jefe. Poco constante, conciliador y práctico. No sabe mucho de lo que hago, pero respeta mi opinión y la consulta. Tiene buena onda (que conste, si bien es hombre, no me gusta, sólo me cae bien).
8:00am.
Él y yo: Yo muestro mis preocupaciones por la falta de claridad en los procedimientos y autorizaciones. Él dice que lo aclaremos, que dejemos de lado las diferencias de personalidad (intentando sacar las particularidades de Ella del conflicto). Trabajamos en un nuevo cronograma, solicitud de dejar la angustia a un lado, aparición de otro personaje simpático y chistes mediante, se pasa la tensión.
9:30am.
Ella aparece, con el fruto de la discordia en sus manos (el material aprobado). Cuando nota que no hay tensión y continuamos en el trabajo, lo pone sobre la mesa como si fuera su gran trofeo, con su garganta lista para dar chillidos en busca de atención, lágrimas y de ser posible, sangre.
Él le hace caso omiso. Cuando Ella lo increpa discuten, pero Él decide seguir adelante, diciéndole que luego le informará, acallando todas sus animosidades y dejándola vestida y alborotada.Ella intenta poner su informe en mi cara a ver si yo le sigo la pelea, pero por supuesto yo sólo miro de reojo, como en las comiquitas chinas, y mentalmente me lamo los bigotes.
28/4/09
Buen día
El ambiente se hacía pequeño, como cuando un efecto óptico hace que las paredes se te vengan encima. Me cuesta respirar, entonces salgo y el sol me pega en la cara y el calor de este otoño que se rehúsa a enfriarse, me sobrecoge. Aspiro una buena bocanada y empiezo a caminar sin mirar, intentando que el aire que entra me saque de la cabeza las ideas que ya están borrachas de dar vueltas y vueltas sin parar.
Entro al bar y busco un lugar, un chico lindo me sonríe, y uno no tanto me fija la mirada. Eso siempre ayuda al autoestima, y pienso que me veo mejor de lo que creo.
Miro por la ventana, mientras espero la comida, un carro avanza y retrocede sin parar intentado salir de un espacio cerrado por algún motociclista inconsciente. Sin embargo, no es una tarea imposible, sólo se requiere un poco de destreza.
Pienso que mi día mejora, la escena me recuerda algunos bloopers vistos recientemente y me regodeo del espectáculo en vivo sin consideración, gracias a mi pequeño ego de buena conductora.
De pronto desde la otra mesa viene el comentario argento de los que me gustan: "es una mujer o es un idiota", así, sin anestesia, no puedo dejar de reírme, mi misoginia me hace pensar en que para el caso, son sinónimos.
Sin duda, es un buen día.
Entro al bar y busco un lugar, un chico lindo me sonríe, y uno no tanto me fija la mirada. Eso siempre ayuda al autoestima, y pienso que me veo mejor de lo que creo.
Miro por la ventana, mientras espero la comida, un carro avanza y retrocede sin parar intentado salir de un espacio cerrado por algún motociclista inconsciente. Sin embargo, no es una tarea imposible, sólo se requiere un poco de destreza.
Pienso que mi día mejora, la escena me recuerda algunos bloopers vistos recientemente y me regodeo del espectáculo en vivo sin consideración, gracias a mi pequeño ego de buena conductora.
De pronto desde la otra mesa viene el comentario argento de los que me gustan: "es una mujer o es un idiota", así, sin anestesia, no puedo dejar de reírme, mi misoginia me hace pensar en que para el caso, son sinónimos.
Sin duda, es un buen día.
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