25/8/08

Pérdida del sentido de la realidad

Uno de mis mayores temores es convertirme en eso que tanto critico. Terminar siendo eventualmente, todo eso que no quiero ser. Así que le pido constantemente a mis amigos que cuando me vean en según y qué situaciones, me adviertan, o directamente me pongan el cianuro en el café porque habré perdido el viaje a este mundo.

Mi temor se acrecienta cuando me encuentro una escena como la siguiente: dos mujeres bordeando los 50 (si son menos, son bastante mal llevados), paradas en una fila para entrar al Jardín Japonés. Vamos a llamarlas a una I (de insoportable) y a la otra PF (de perrito faldero). I comienza su perorata de quejas que tiene un hilo conductor algo extraño, debido a la capacidad de asociación errática. En 20 minutos pasó de la cantidad de gente, el clima, la ropa de mala calidad, la soledad, la pobreza, la familia acomodada, el tránsito, las obras sociales y hasta se atrevió a criticarme, en mi cara y en mi presencia!

PF la escuchaba atentamente, sin siquiera asentir, sus pobrísimas intervenciones no le daban pie a I (de ahí su admirable capacidad de asociación), sólo intentaban amilanar su furia.

Por supuesto I es el típico personaje Juan Zapata, si no la gana, la empata, que pelea sola, y que se tiene que congraciar sola (debido a la falta de respuesta de PF). Comenta:
I: Me estoy cagando de frío, y es que yo me cuido del frío porque sino, me enfermo. Y yo como vivo sola no me puedo enfermar, porque no tengo quién me traiga la lechita a la cama, y me toca así, enferma y todo a salir a comprar la medicina, porque no tengo quién me la lleve.
PF: Pero ahora hay farmacias que la llevan a domicilio.
I: ¡Ah no, pero si te las llevan, te cobran tres veces más! Entonces me toca ir con fiebre a comprarlas, y yo a esta edad, y enferma, y aún así tengo ir yo a la farmacia.
PF:...
I: Además no todas las farmacias te hacen el favor de ir a llevártela a tu casa, eso sólo si eres mayor, a la gente mayor sí se la llevan, pero como yo no soy mayor, como yo soy joven, a mí no, y me toca salir enferma a comprar las medicinas.
PF: Farmacity te hace el delivery, y no te cobra.
I: Menos mal traje este poncho que es recaliente, no sabés, porque yo sabía que iba a hacer frío.
PF: Si hace un poco de frío, por el viento que corre.
I: Pero esto no es frío, porque este invierno no enfrió de verdad, el de antes, eso sí era frío.

Pero, esa clase de conversaciones son frecuentes, y sólo tenía ganas de decirle a la señora que por qué no se había quedado en su casa, así se evitaba ella la fatiga, y nos la evitaba al resto del mundo escuchar sus quejas infinitas y sin sentido. De hecho, también pensaba que a esa gente, no deberían dejarla salir de su casa.

Sin embargo, como siempre esa gente se supera sola, lo que vino luego, fue la tapa. Luego de rajar de su familia con saña y furia en la voz, (para este momento, yo no tenía ninguna duda de por qué vivía sola) con esa asociación errática, a falta de respuesta de PF, suelta: I: Porque eso sí, yo decidí que no quiero tener hijos. A estas alturas de mi vida, y andar detrás de un crío, no, no, nooo, ni más faltaba, que lo críen los padres, pero yo no quiero un niño para que me llore, y no me deje dormir.

PF: Esperá, esperá que en unos años no vas a decir lo mismo, y vas a querer tener tus hijos.

(¡¿?¡)

Una amiga mía decía por allá en el 98, 99 que el mal de fin de siglo era la pérdida del sentido de la realidad. Yo creo que al pasar al nuevo siglo, la cosa se volvió epidemia. ¿De dónde podía sacar PJ la idea de que en unos años podía tener hijos? ¿Cómo mantiene la esperanza de tener hijos a esa edad? ¿A quién pensaba I decirle que no quería tener hijos? ¿Cómo se le ocurre a PJ desear que I tenga hijos?

Si me escuchan diciendo tales exabruptos, y con semejante desparpajo, háganme el favorcito de la cicuta, porque ya soy caso perdido.

23/8/08

Leyes de mercado

Me gusta la economía porque sus leyes pueden explicarlo casi todo. La teoría de los juegos, por ejemplo, se puede aplicar para tomar prácticamente cualquier decisión. Incluso hay economistas teorizando sobre la estupidez humana (Cipolla) y resulta un abordaje interesante. Así que empíricamente venimos con algunos amigos intentando explicar el mundo de las relaciones en comparación del funcionamiento de un mercado (nada nuevo, ni mucho menos).

El mercado se describe desde la perspectiva femenina, aún sabiendo que puede verse muy machista, no obstante, se hace en aras de facilitar la explicación.
Demanda: hombres
Oferta: mujeres
Precio: esfuerzo del hombre por conquistar a la mujer
Compra: encuentro con propósitos amorosos
Fidelización de producto: compra repetida- relación de pareja
Certificado de calidad Iso9001: una mujer deseable, linda, inteligente, divertida (por simplificar la ecuación).

La primera premisa es que la oferta es superior (en número) a la demanda, lo que hace que sea un mercado competitivo en el que el precio se establece cada vez más bajo. (Desde la perspectiva femenina y la lógica del mercado es que si uno se hace la difícil, el comprador siempre encontrará una mejor oferta).
Sin embargo, la elasticidad de la demanda (la respuesta de la demanda ante cualquier cambio en el precio) no es única. Ante un aumento del precio, la demanda es inelástica (cuando se interesaron en una mujer que hace la conquista muy difícil, ellos insisten, mantienen su interés, siguen comprando, como si se tratara de insulina). Ante una disminución en el precio, la demanda es elástica (entre más fácil es una mujer, hay más hombres que la compran, pero pocos interesados en fidelizarse al producto, objetivo final de la oferta).
Una disminución de precio, es directamente relacionada a una baja del valor en términos de calidad del producto, y la asociación de alto precio con alta calidad es natural.

De la característica anterior podemos concluir que un precio bajo siempre será sospechoso. Supongamos este panorama: una mujer con certificado de calidad ISO9001, decide exigir un menor precio, aduciendo madurez, y buscando cierto tipo de comprador racional que debería apreciar un producto de calidad sin guiarse necesariamente por el precio. Indefectiblemente se equivoca, la oferente pierde valor y el comprador puede hacer una compra, pero nunca se fideliza.

En español: sin importar la valía de la mujer, siempre hay que hacerse la difícil, de lo contrario, pierde. Ir de frente no da buenos resultados, ser sincero y abierto sólo hace perder el interés, hace dudar de lo maravillosa que puede ser la mujer. Como dicen en mi tierra: de eso tan bueno no dan tanto.

Si todavía la oferta se empeña en encontrar compradores racionales que reconocen una joya entre los saldos, nos planteamos el tema de ser un producto exótico, y pasamos al problema de dónde está el mercado objetivo
.

22/8/08

El limbo de la mediocridad

Casi siempre me opongo a ver la vida en términos de blanco y negro. El mundo no es de buenos y de malos, como las películas gringas nos quieren hacer creer. Afuera hay una cantidad de matices, de grises, casi infinita que es justamente la fuente de riqueza y diversidad. Sin embargo, hay algunos aspectos definitivos en los que no se permiten los términos medios.

Nada más determinante que la muerte, nunca se está medio muerto, de la misma manera que es contundente la vida, nunca se está un poquito embarazado, se está o no se está. Con el talento creo que pasa algo parecido, se tiene o no se tiene, los puntos medios no son otra cosa que mediocridad, son intentos frustrados de ser, son pretensiones sin sustento, son ínfulas de buchipluma.Es verdad que la disciplina suma, y mucho. Difícilmente se explota el talento sin la disciplina, aunque casos se han visto, pero la cosa no es de ida y vuelta, como dice el dicho, Lo que natura non da, Salamanca non presta.

¿Qué hacer cuando se es un punto medio en esta situación tan determinante? ¿Qué lugar le queda a quienes sólo son medio tuertos en una tierra donde hay muchos ciegos, pero también videntes completos? ¿De qué sirve estar en ese limbo donde siempre faltan cinco pa’l peso?

15/8/08

Never cocheche

De niño siempre se sueña con qué se va a ser cuando se es grande. Dependiendo de la época y la generación, las respuestas van cambiando. Hubo épocas en donde las mayores aspiraciones eran ser abogado, médico, cura o militar (quizás la de mis papás); en otras, astronauta, bombero, presidente o policía; en otras, estrella de rock, actriz de cine, o incluso en estos tiempos, protagonista de novela o gran hermano.

En la medida que pasa el tiempo, uno va moderando sus aspiraciones, las aterriza de a poco con la realidad y termina siendo, comunicador social, periodista, editor o vendedor en el peor de los casos. Luego del desencanto natural del ambiente laboral, del clima empresarial, de los deplorables estados financieros, y el inevitable encuentro con una variedad de personajes indeseables en todos los trayectos de la vida, uno empieza a hacer la lista de lo que no quiere ser.

En el colegio descubrí que no quería ser la mojigata virgen de pueblo que espera perder la virginidad y quedar embarazada en su noche de bodas. En la universidad, quizás una época prolífica de aprendizaje, supe que no quería ser mentirosa, cretina, pretenciosa, perfecta ama de casa con título, mamerta, poco seria, ladrona, ridícula, vendida, inconsciente, negadora, falta de carácter, etc. Cuando empecé a trabajar me di cuenta que no quería ser periodista, la empleada del mes, empleada corporativa (en general), mujer (sí, la mayoría de mujeres en el ámbito laboral son sinónimo de arpías, pero no tengo más remedio), ejecutivita junior, jefe inepta, irresponsable, corrupta, crédula, confiada, ingenua, regalada, monedita de oro (para caerle bien a todo el mundo), obtusa, abusiva, una santa y menos una santurrona. Ahora que ha pasado algún tiempo, también sé que no quiero ser excesivamente comprensiva, tolerante, patriotera, optimista, pesimista, amargada, auto condescendiente, aburrida, vieja loca, histérica, mamá, problemática, demasiado correcta, pero sobre todo, never cocheche.

Algo en los genes me pusieron de excesiva responsabilidad, de tendencia a la verdad, de bondad (¿?), yo diría, casi casi, de estupidez. Cuando uno se hace cargo por otros de lo que no le corresponde, cuando está excesivamente dispuesto a entender y ayudar a los otros a cualquier precio (incluso el propio pellejo), cuando uno guarda las formas y las maneras e intenta ser siempre “delicado” con los demás, casi siempre el límite de la bondad o lo correcto, de lo responsable, linda con el de la boludez, la ingenuidad y da paso a que venga el abuso consentido, entonces uno se transforma en un cocheche.

Lo puede ser material, laboral o sentimental, siempre y cuando uno permita el abuso, dándoselas de bueno, se es un miserable cocheche. Ya estuve ahí, y las ínfulas de bondad no me hicieron nada, mas que cómplice de mi propio verdugo y merecedora de mi suerte. Por eso ahora digo, never cocheche.

Veto temporal

Como sé que los vetos son en general una cosa vista con malos ojos, voy a intentar explicar por qué veto a Julieta Venegas en temporadas especiales.

Nunca he tenido nada en su contra, de hecho su música me gusta, su estilo, su estética de Alicia en el país de las maravillas, y especialmente su ser genuina, sin pretensiones, incluso tengo algunas de sus canciones en mis playlists, pero ahora estoy dispuesta a vetarla, por irresponsable, por lo menos por un tiempo. No porque en un tiempo deje de ser irresponsable, sino porque en un tiempo, me parecerán divertidas las letras y no me despertarán el bichito de la inconciencia para cometer exabruptos.

Me explico:
Y yo sé, que tienes miedo y no es un buen momento para tí y para esto que nos viene sucediendo
O sea, sin timing ni disponibilidad, y sin embargo, “eres para mí”?? Eso no puede ser sino el comienzo o la continuación de algo malsano de lo que uno sale muy herido. Como hablaba con un amigo el otro día, que el otro sea perfecto pero que no esté disponible, es lo mismo que tener la mamá, pero tenerla muerta. Hay que darse por vencido, y seguir participando.

Otra
Tengo que confesar que a veces, no me gusta tu forma de ser, luego te me desapareces y no entiendo muy bien por qué?
Es sencillo, porque no quiere, porque no le interesa y uno tiene que ponerle límites a su inmensa comprensión, justo ahí, donde empieza la estupidez.

No dices nada romántico cuando llega el atardecer,te pones de un humor extraño con cada luna llena al mes.”

Todos tenemos nuestros días, pero por qué algunos pensamos un poco antes de agarrarla con el que no corresponde? Por qué algunos tenemos la delicadeza de no joder al otro? (no contesten, ya me lo vengo diciendo, por boluda). Para completar, “yo te quiero con limón y sal, tal y como estás, no hace falta cambiarte nada” Quizás es lo más sanito que ha dicho, sí, uno no debe intentar cambiar a nadie, pero lo que no debe es conformarse con el existencialista de buseta, el atarban que se desaparece o el patán que nos muestra su ira cada vez que alguien se le cruza como no debe en la calle.

No seré lo que te imaginabas, no diré lo que quieres escuchar, no sé bien si será para siempre, pero sé que te puedo hacer feliz.”

Sólo la equivocada creencia de que los conocemos más que ellos mismos, de hecho, que les descubrimos más cualidades de las que tienen (en todo caso, las inventamos), nos hace pensar, que a pesar de no ser lo que se imaginaba, ni lo que espera, ni lo que quiere, uno los puede hacer felices. Eso, pasando de largo que aquí lo que importa es su felicidad, a pesar de ser quienes somos. Podría ser esto más parecido a una inviación a que trapeen el piso con uno?

Ya sé que Julieta Venegas no es la única irresponsable, desafortunadamente cuando uno quiere olvidar o superar a alguien se vienen todas las coincidencias de buseta (todas las canciones, novelas, películas o conversaciones, se relacionan o ajustan perfecto a nuestra desgracia) con todos los irresponsables que se les ha ocurrido cultivar los sentimientos malsanos –por poética, talentosa o desastrosa que sea la forma-, y es difícil encontrar las que realmente uno necesita oír en ese momento: “qué lástima pero adiós, me despido de ti y me voy”.

Cuando me salgo de mis manos

Me he declarado misógina en algunas ocasiones. De hecho, no me gusta la asociación con mi género cuando veo mujeres tontas, manipuladoras, arpías, dramáticas, o aquellas que tienen el mundo a sus pies sólo porque saben administrar su belleza. Si, lo admito, algunas veces es envidia, otras, es rechazo puro.

No soy feminista militante ni mucho menos, sólo pido respeto, y no discriminación. Admito que a veces concuerdo con esa cadena de mails que rondaba en la que una mujer decía detestar a quiénes habían liderado el movimiento feminista, pues de lo contrario estaríamos horneando pasteles con la vida resuelta y no ocupándonos de la apariencia, el trabajo, las relaciones y etc. No soy de los extremos.

Con el tiempo he aprendido a vivir con mi condición de mujer y a disfrutar un poco de ella. Si alguna vez llegué al punto de ofenderme porque me ofrecieron la mano para salir de un auto, ahora me encanta encontrarme con caballeros que me tratan como a una princesa. Eso no me hace menos persona, ni menos mujer, y además se siente bien.

Lo que me sigue sorprendiendo de mi condición de género, sin duda son las malditas hormonas. No sólo se trata de que nos disminuyan la esperanza de vida por su accionar, ni de que envejezcamos más rápido por sus montañas rusas, sino que sean incontrolables a la razón y hagan desastres en nuestro comportamiento. Yo pensé que con los años, si bien me había resignado a no dominarlas, por lo menos podía identificar cuando se activaban, y así poner una alarma ante un comportamiento “demasiado femenino”.

Se trata de vivir con un enemigo interno que se despierta cada tanto, y cuando menos sospechas, te ataca. No obstante, me acostumbré a algunas de sus apariciones: estar un poco más irascible de lo normal, llorar con las películas o las canciones un poco más de lo normal, ser más sensible al frio y a los dolores corporales en general, ver a un niño en el bus y tener ganas de llorar, y cosas de ese tipo. Ataques cortos, certeros, que quizás produzcan unas lagrimitas, pero que en instantes se van.

Lo que no sabía es que el enemigo transmuta, cambia las estrategias y empieza a atacar a traición, sutilmente, sin agresión, casi con psicología inversa. Ahora se presenta como una especie de droga que me adormila la razón por largos espacios de tiempo, convirtiéndome temporalmente en otra persona, se entremete en los pensamientos y me hace pensar que mis razonamientos son claros y lúcidos. Incrementa la sensibilidad pero no la lleva a picos altos, sólo a los suficientes para que siga pensando que estoy en mis cinco sentidos afinados.
Después de unos días del ataque, comienza la resaca. Las lagunas de ser otra en mí se empiezan a aclarar, hay escenas de mujer en apuros, de niña asustada esperando el regaño del papá, de adolescente cobarde, de mujer empoderada (esas hasta me gustan). Por suerte, el efecto hormonal desaparece, la razón vuelve a acompañarme, intento lidiar con el desastre que hizo mi impostora y quedo advertida ante una nueva forma de ataque.

Entre tanto, me gustaría ser hombre, para sólo tener que enfrentar las resacas causadas por el exceso de alcohol, esas por lo menos se escogen.

Vista paraguaya 2

Viviendo en Colombia pensaba que no había gente más corrupta, alguna sospechas tenía sobre los mexicanos y los rusos que siempre aparecían en las listas de los países más corruptos del mundo y nos peleábamos algunos lugares.

Sin embargo, cuando llegué y me enteré de a pocos de la historia argentina, entendí que aquí teníamos un gran contrincante, no se si por el cuánto, pero seguro, por el cómo. Los colombianos somos modositos (una palabra que incorporé por el sentido que encierra: respetuosos, calladitos, pedimos el favor, damos las gracias, tenemos modales, etc.) incluso para robar. A partir de la moda de la transparencia y la lucha anticorrupción, se inventaron formas más elaboradas, menos descaradas y que implicaran más esfuerzo para sacar la tajada. Corrupción al fin de al cabo, pero trabajadita, disfrazadita, modosita. En Argentina, una sola imagen mental hará claridad al respecto: Menem, en su época presidencial se llegó a mostrar en un Ferrari.

Si le preguntan a alguien más o menos crítico, consideran que ellos son los más corruptos (porque tienen que ser los más en alguna cosa buena o mala), y yo no les discuto, porque no me interesa pelear por ese título, sin embargo, la siguiente noticia puede dar la pelea:

Reclaman una supuesta deuda de guerra
Firma colombiana intenta cobrar más de 9 mil millones de euros a Paraguay

Fiscalía indaga una posibilidad de estafa al Estado
Una empresa colombiana pretende cobrar a nuestro país bonos históricos relacionados con títulos de deuda externa, aparentemente emitidos por nuestro país para pagar daños de guerra de la Triple Alianza.
(los bonos en cuestión fueron emitidos en 1876)

Al parecer el talento patrio para sacar cosas del país no se limita sólo a las drogas (y bueno, sí, el café, las flores, los textiles, las modelos y el petróleo), también hacemos estafas for export. El gobierno colombiano debe estar pobre o agotado, desde que recurren, por derecha además, a sacarle plata a otro país, y con estos argumentos, no?