6/4/12

Fetiche musical

Tengo una fascinación por los músicos. Cuando voy a un recital, más allá de ir a escuchar música que me guste, voy a ver a los músicos, a ver cómo se mueven, qué caras ponen, su concentración, su disfrute, y entonces los clasifico: si son cancheros, tímidos, ensimismados, encantadoramente inseguros o inseguros a secas.

Al final del concierto siempre tengo mi favorito,  normalmente me terminan de comprar a la hora de los solos, en esos momentos, en que, sus expresiones son casi orgásmicas. No importa el instrumento, cada uno tiene su encanto: los guitarristas tienen complejo de estrellas, los bajistas suelen ser der perfil bajo pero tienen un aire cool que me puede, los bateristas normalmente son divertidos y, a pesar de estar sentados, se mueven con un swing encantador, y así...

1/4/12

La carpeta del bar

Nadie me avisó que los sitios tienen límite de recuerdos. Son como un folder, al que no se le puede agregar una hoja más porque no cierra bien, porque la hoja se resbala, se cae.
Así mismo es ese bar, mi bar, es como que está saturado, y como me gusta mucho, insisto, pero el gancho no aguanta una hoja más. Lo lógico sería sacar de las de abajo, de las más viejas, ¿no? Pero resulta que les tengo tanto cariño: son de la mejor colección, de papel especial, de colores y entramado, de ese que envejece divinamente. Supongo que como todo no se puede tener, tengo que resignarme y aferrarme a los recuerdos y buscar abrir un nuevo folder.

15/3/12

Cuestión de género


El escenario: Plaza San Martín en domingo (una de las pocas plazas que no tiene ninguna distracción: no hay gente que hace Capoeira, ni que intenta caminar por la cuerda floja, ni telistas, trapecistas o acróbatas de ningún tipo, tampoco nadie intentando hacer malabares, y mucho menos falsos Sabina, Calamaro o Silvio Rodríguez cantando).

A eso de las 5 de la tarde, empiezan a despertar cuatro gringos muy jóvenes de una siesta resaquera, sin nada ni nadie para ver en la plaza, sin nada para hacer, uno se levanta y consigue una piedra, no muy grande, pero suficiente para jugar a la pelota.

Se incorporan y organizan rápidamente un juego de béisbol, utilizando una ojota como bate. Creativos, pienso, pero supongo que las características toscas de sus elementos no les darán para mucho tiempo de juego.

Me equivoco, pasan por lo menos dos horas, y han hecho un par de juegos de béisbol, uno de fútbol americano, y otro más que desconozco de agilidad para agarrar la “pelota”; sólo interrumpidos momentáneamente por un perro que se creyó parte del juego y les robó la piedra por un pequeño lapso, ensombreciendo considerablemente su expresión. Cuando la dueña del animal se la recuperó, su alegría fue genuina, como si se tratara de niños a los que les devuelven su juguete favorito.

Estoy segura que de haber otro grupo de hombres cerca, se hubieran unido al juego, porque esta clase de actividades son absolutamente democráticas entre ellos, al igual que ver un partido en algún bar, o hinchar en una cancha; los deportes los hacen amigos instantáneos (si también enemigos a muerte, pero eso es otra historia). No pude dejar de preguntarme, ¿qué tema es tan democrático entre las mujeres?: ¿hombres?, ¿zapatos y carteras?, ¿dietas?, ¿dolores menstruales?, ¡todo suena tan horrible! ¿Será mi misoginia la que no encuentra un tema en común, o es que realmente las mujeres somos mucho más complejas que una piedra y una ojota? Si es así, a veces, no me importaría ser hombre. 

7/3/12

¿Y si me mudo?

Las mudanzas casi siempre son una pesadilla, y que no se me entienda mal, me encanta mi casa, mi barrio, pero a veces, dan ganas de un poquito de cambio.

Tener que buscar el supermercado chino más cercano, y el que está abierto hasta más tarde; encontrar el carnicero de confianza, por más que se lo visite una vez cada trimestre; la verdulería que tiene plátanos y maracuyás para cuando me dan antojos; el bar donde hay wifi, los meseros son de los de antes y el café todavía se sirve en taza; la pizzería que zafa entre semana y el delivery bueno para cuando hay visitas; la bodega de vinos; el hipermercado; el señor de los quesos, los huevos y los pollos; la veterinaria; el video club (sí, todavía disfruto de alquilar películas casi casi, lo mismo que bajarlas de Cuevana); la panadería de las buenas medialunas; la placita para tomar sol; y así…

Casi todos odian las rutinas, en cambio a mí me encanta construirlas. Por eso la llegada a un nuevo sitio: para vivir, para trabajar, tiene eso de encantador, el descubrir poco a poco los que serán los de confianza, los habitué que dan esa sensación de conocedor y de pertenencia.

Vivir en San Telmo es descubrir un poco el barrio cada día, la promesa de público extranjero hace que cada semana haya un nuevo negocio, pero también un nuevo local en alquiler de quienes se fueron con las manos vacías, así que siempre hay un nuevo restaurante, una tienda que conocer, un café por explorar; aún así, mis ganas de buscar sitios de los que volverme habitual, está insatisfecha.

Pd. Hace mucho no escribía aquí, creo que es buen momento para volver, incluso cuando la era de los blogs casi llega a su fin.

31/3/11

El que con niños se acuesta...

De pronto, escuchaba a mujeres con algunos y muchos años más que yo, hablando de sus maridos y sus relaciones de lustros y décadas, y se quejaban por exactamente lo mismo que yo me hacía mala sangre en los últimos días, por mi chico de semanas: los hombres siguen siendo adolescentes, malcriados, desconsiderados, en pocas palabras, un niño más en la casa que le da rabietas a su mamá.

Si bien me consolaba por no estar tan loca y ser la única, también me preocupé de sobremanera (mal de muchos, consuelo de bobos), ¿acaso tengo que resignarme a que los hombres son niños eternos con lo que eso implica? ¿son todos así, o es una cuestión cultural?, porque yo recuerdo haber conocido hombres distintos: considerados, adultos, aunque nunca un argentino…

¿Siempre voy a tener que ser la adulta gruñona de la relación? ¿Pedir, demandar y volver a pedir por todos los medios esa consideración y trato que espero venga espontáneamente por parte de una pareja?

Al parecer, justo caí en un círculo de mujeres bastante particular que infantiliza a los hombres; al parecer, esos hombres adultos y considerados, incluso argentinos, no son una rareza; al parecer, puedo no resignarme y buscar un adulto, respetuoso, considerado, con quien, además de estar contenida y respaldada, pueda divertirme como una niña.

16/3/11

Modas cíclicas

No he vivido aquí lo suficiente para saberlo con certeza, pero tengo la impresión de que la militancia ahora está de moda, como estuvo en los 70’s, como los colores neón y los pantalones chupín de los 80’s, volvió a imponerse en la agenda, y por eso todo lo convierten en causa: quién inaugura la feria del libro, dónde se hacen los recitales, cómo se organizan las ferias y los corsos e incluso, andar en bicicleta. Como si no hubiera suficiente ya con los kirchneristas y la oposición.

4/2/11

Inlove again

Todas las relaciones tienen altibajos y mi idilio con Buenos Aires, no podía ser la excepción. Tras una corta separación, yo la traicioné por unos días con mi país natal, estaba resentida y me recibió con 43 grados de térmica, cambios en las rutas de los buses, ausencias de los habitué en las plazas, y noticias, muchas, feas noticias.

Yo también estaba retrechera, su presencia estaba relacionada con volver al trabajo, a la vida de las responsabilidades, las cuentas, los horarios, los tacos, las reuniones, etc. Y aunque me hizo ojitos el fin de semana con un domingo en la plaza, yo me hice la loca y me encerré enojada en mi casa.

Cuando la furia me bajó, me encontré en el Congreso con un clima más que agradable, con buenas noticias, en chatitas, y dispuesta a caminar hasta mi casa, revisitando la Avenida de Mayo.

Los niños en la plaza, la gente en la vereda, los hippies y artesanos vendiendo cosas, todo me fue ambientando en clima de reconciliación. Luego llegué a la 9 de julio, y una gran bandera aymara ondeaba, mientras el líder? decía: "Somos medio improvisados, si les gusta lo que ven, díganlo...". Con la estatua del Quijote de la Mancha de fondo, pensaba: no es demasiada contradicción estar bajo el ala del mayor símbolo de la hispanidad, culpando de la situación actual al robo de los españoles de hace 500 años? O será acaso una quijotada su cruzada por defender los derechos indígenas? Pero ahí estaban con su música, sus libros y sus carpas, eso, sólo en Buenos Aires.

Ya tenía una sonrisa difícil de sacar, hasta que me encontré con con la previa de los piqueteros para un viernes a la noche:

Un pequeño paseo por la Avenida de Mayo.

Pasaron cinco años y dejé de tenerle miedo a los sonidos de las protestas, dejaron de parecerme tambores de guerra, sin embargo, verlos me hace pensar, todo no se puede tener, nadie es perfecto, y éste es el defecto. No sé si los piqueteros tengan jodido al país, pero estoy segura que por lo menos tienen jodido el tráfico de la ciudad.

Pero a quién le importa el tráfico cuando existe esta esquina?

Dicen que lo bueno de pelearse, es la reconciliación. Las calles de San Telmo me condujeron a mi sitio favorito, que estuvo cerrado por algunas semanas. Cerramos con broche de oro, cena, material de lectura y una copa de vino. Para cuando caminaba las últimas cuadras a mi casa, estaba un poquito más enamorada y me regocijaba en saber que el destino me mandó a un buen lugar.

Mi rincón favorito de San Telmo, Café Riva