17/4/09

Jumanji

De pronto aparece una mujer en el espejo, y la toma desprevenida, la última vez que se fijó era una “jovencita” pretendiendo ser grande, dándoselas de adulta, haciendo todo demasiado pronto, una chica que no terminaba de encajar entre los grandes por falta de experiencia ni entre los pares por creerse grande.

Ahora la mujer se entera, como si se hubiera despertado en medio de un Jumanji: el resultado de las partidas que la niña ha jugado es la realidad con la que tiene que lidiar. Todas esas decisiones, pretensiones, prejuicios, preconceptos, todo eso está instalado, parametrizado, ya fue.

Hay arañas gigantes rondando, arenas movedizas, uno que otro cazador y de vez en cuando se escucha venir una estampida. Con la adultez a cuestas tiene que perfilar el juego, llevarlo hacia mejores paisajes, y ver cómo hace para matar los monstruos o pasarles a escondidas mientras descifra el acertijo para poder cambiar de juego.

31/3/09

¿Hay otra alternativa?

Es llover sobre mojado decir que la soledad está socialmente perseguida. Más allá del condicionamiento social (que aunque no queramos pesa mucho), incluso de la teoría de que el hombre es un animal social, no puedo dejar de preguntar; a pesar de estas dos condiciones, ¿es un ser humano solo (sin pareja) viable?
Ya sé que millones lo afrontan a diario, pero mal de muchos consuelo de bobos, decía mi mamá, por eso me pregunto si hay una forma de darle la vuelta y saltarse el drama de las citas, las ilusiones, las apuestas y ser capaz de ser feliz en soledad. No por la pereza de vivir estas cosas, no por el miedo a ser herido mientras se está expuesto (aunque sería una razón de autoconservación), sino simplemente por optar diferente (sin ser monja, o algo así), ¿es la soledad una forma viable de vivir felizmente?

24/3/09

Gustos particulares

Cuando tenía 13 años tuve mi primera fantasía con un hombre, con uno de verdad. Vi en ese profesor de filosofía (vaya cliché), de maneras extravagantes (no era un poeta maldito, ni un intelectual seductor, de hecho era algo torpe y apasionado), y con la misma imagen de Clark Kent, un encanto que nadie más percibía.
Fue la primera vez que me distraje en clase por estar montada en un globo, fue la primera vez que tardé en entregar un examen porque pasé algún tiempo contemplando cómo el profesor que lo cuidaba jugaba con las galletas morochitas en el escritorio antes de comérselas. Me entretuve queriendo saber qué pensaba en ese momento, pues parecía que le hablaban.
Para ese entonces, su estatura, sus rasgos finos, casi femeninos; su extrema delgadez, y su comportamiento errático, no eran parte del ideal colectivo femenino que me rodeaba, sólo para mí era atractivo. Ahora me doy cuenta, que a partir de él, siempre he sido admiradora de esa extraña belleza, que mis inclinaciones siempre han sido por hombres “particulares”, que así empecé y por más esfuerzos que haya hecho por desviarme, aún sólo esos, me pueden.

14/2/09

Siga participando...

El problema de estar tan sediento es que se ven muchos espejismos y termina uno comiendo arena, cuando creyó beber agua.

15/1/09

En tiempos de crisis...

En estos días llegó a mi bandeja de correo no deseado un mail con este asunto: Donación para el trabajo de dios. No pude evitar preguntarme: ¿tan duro pegó la crisis que ahora hasta dios necesita donaciones? Supongo que con esto de que subieron los colectivos, la luz, y el tomate ya no hay presupuesto que alcance para hacer milagros, contenciones, y demás obras a su cargo, no?

18/11/08

Problemas de método

Probablemente muchos ya habían llegado a esta conclusión, pero por alguna razón, para mí hoy es una epifanía. Siempre me pregunté por qué atraía a las personas equivocadas, y con las que me gustaban todo terminaba en la casilla de He’s just not that into me.

Fácil, cuando alguien no me gusta tiendo a subestimarlo, y entonces al verlo disminuido ante mí, actúo con mi mayor seguridad y naturaleza. Así supongo que soy un poco detestable para quienes me conocen, pero para el público en cuestión soy encantadora, confiada, y eso acrecienta el atractivo.

En cambio, cuando alguien me interesa, en primer lugar lo sobrestimo, amplifico sus talentos o cualidades y lo pongo en un pedestal. Acto seguido, me pongo yo unos cuantos escalones abajo, creyéndome no merecedora de tal icono (el que yo misma he creado), y muestro mi inseguridad por todos los poros.

Consecuencia lógica, me veo torpe, dubitativa, ignorante, necesitada y ansiosa (nunca en el modo encantador), la audiencia del momento termina llevándose una imagen equivocada de quién soy, porque yo en vez de hacerme buen mercadeo, caigo en el marketing casi lastimero (como me odio en ese momento).

La realidad no viene en gotas, así que me ha tomado un tiempo y estrellones bajar del pedestal a unos cuantos descrestacriollos ante los que sucumbí en algún momento.

El problema es que no siempre tengo la
perspectiva que da el tiempo para cambiar al lente adecuado y bajar los niveles de torpeza; y aunque trabajo en la técnica (requiere de arduo entrenamiento) tengo que apelar un poco a la suerte, por un lado, para no seguir de avivagiles (el último porteñismo del que me apropié) endiosando a simples mortales, y por otro, para que si encuentro a mortales que me gusten, sean capaces de ver a través de la torpeza (que está en proceso largo de reparación).

4/11/08

La espera desespera

En días de poca paciencia y esperanza pienso que la vida es como una gran sala de espera. El problema es que todavía no tienen tablero electrónico con los numeritos, el sistema es algo desordenado y quienes atienden usan criterios desconocidos.

Cuando a uno le toca su turno, si está preparado, se lleva su trámite listo, todo en orden. Es como si uno esperara el turno para que le dijeran qué va a ser de su vida, si va a ser feliz, mediocre o miserable. Es como si se llevara un destino debajo del brazo.

Admito que en la espera suceden cosas inesperadas, de pronto gozas de la buena compañía de un libro, o de una banda sonora que te permite hacer unos cuantos globos, o a veces los transeúntes te divierten con sus actitudes. Otras veces te desesperas, ves cómo los empleados son más ineptos, la gente es torpe al hacer sus trámites, y tu turno no parece llegar nunca.

Es en esos días (hoy, uno de esos), es en los que quiero que ya pongan el tablero y el sistema de numeritos, así sé si me toca el turno a los 40, los 50 o a los 60, o nunca, y me decido de una vez a esperar conforme, o salgo y me voy.